La L-Carnitina es uno de los
suplementos dietéticos más vendidos en nuestro país. Quizás mitificado como el
auténtico quemador de grasas, supone un recurso habitual para todos aquellos
que quieren rebajar su peso corporal. Estudios más recientes nos abren la
puerta a nuevas aplicaciones de este nutriente; también quizás es ya hora de
desterrar mitos e ir aprendiendo más acerca de estos suplementos en los que
tanto confiamos.
¿QUÉ ES LA CARNITINA?
La Carnitina es un aminoácido no esencial, presente en la
mayoría de las células corporales y fabricado de forma natural por nuestro cuerpo a partir de los
aminoácidos esenciales metionina y lisina,
con la colaboración del hierro y las vitaminas niacina, C y B6. Su síntesis o formación se lleva a cabo en cerebro,
riñones, hígado y testículos. De allí, se transporta y es acumulada en el
músculo esquelético, en el corazón, en cerebro y tejido nervioso. (Lehninger,1993).
Su ingesta es a partir de los alimentos animales ricos en
proteínas, como la carne roja, las aves, el pescado y los productos lácteos.
Tendremos en cuenta que el extremo calor de los procesos de cocinado la puede
destruir parcialmente, pero aún así se absorbe fácilmente. Su síntesis y
almacenado son dependientes de la dosis, esto es que a mayor toma, mayor
absorción. Esto puede llegar hasta el 84% del total ingerido. (Rebouche,2004).
La función intestinal
es el limitante en la absorción, y algunas células son más receptivas a su
captación, por ejemplo las fibras musculares cardíacas y las fibras rojas en el
músculo esquelético. Su concentración en ellas llega a ser hasta 100 veces
superior a la del plasma. (Cerretelli + Marconi,1990)
En el caso de deficiencia puede verse afectada la salud
cardíaca y renal. Así, desde 1970 se comercializa en forma de suplemento
dietético administrada tanto en forma oral como intravenosa (Carnicor en España
o Carnitor en USA). Las dosis empleadas con este fin varían desde los 500mg
hasta los 3gr/día.
EL USO
TRADICIONAL DE LA CARNITINA.
La función principal de la Carnitina es sobre el
metabolismo de las grasas, facilitando su transporte a través de la membrana mitocondrial. Dentro de
ésta los ácidos grasos son degradados produciendo energía. Es este un proceso
aeróbico (la presencia de oxígeno es imprescindible) llamado beta oxidación
donde se generan hidrógenos y electrones que producen ATP y por tanto energía
disponible, por ejemplo, para la contracción muscular.
En el caso de que no hubiera suficiente disponibilidad de Carnitina,
se produciría una acumulación de ácidos grasos en sangre, con posibilidad de
trastornos metabólicos y cardiovasculares (Lehninger,1993).
En situaciones de ejercicio aeróbico la disponibilidad de
Carnitina varía en función de la intensidad del esfuerzo. Sin embargo, salvo en
trabajo a muy alto % del VO2 máximo, la reposición de carnitina desde el hígado
es rápida y efectiva, reponiendo los niveles necesarios para el aporte
energético desde los ácidos grasos (Cerretelli y Marconi,1990).
En tales % de esfuerzo, individuos sanos e incluso suplementados con Carnitina,
no utilizan los ácidos grasos como fuente de energía preferente, disminuyendo
el metabolismo de éstas (Brass, 2004).
Todo lo anterior lleva a concluir que el aporte de Carnitina
junto al ejercicio, no produce mejoras en el rendimiento ni aeróbico ni
anaeróbico. Posiblemente porque la absorción de este nutriente en el músculo no
aumenta aunque lo haga en la sangre. No conseguimos mejoras al incorporar
Carnitina extra (Vucovich, 1994. Brass, 2004).
Otro uso, muy razonable a nivel teórico de la Carnitina,
es su potencial como “utilizador” de grasas acumuladas en tejido adiposo. Así,
se plantea la posibilidad de obtener energía desde la grasa subcutánea y
“quemarla” mientras se realiza ejercicio aeróbico. Los estudios científicos
sobre este particular no apoyan completamente el entusiasmo con el que los
practicantes de actividades de fitness utilizan esta sustancia. (Vucovich, 1994. Heinonen et al, 1996. Brass, 2000. Juhn, 2002.
Koh-Bannerjee, 2005).